• lunes 01 de marzo del 2021
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Tolkien, el aborto y algunos juristas

Por Enrique José Marchiaro (*)

El debate sobre el aborto en Argentina ha sido uno de los más maduros en décadas. Digo maduro porque hubo una “maduración epistémica” de un largo tema a la luz de un nuevo contexto.

Ello se reflejó en una ley de correcta fundamentación y alcance, pero también porque una parte de la doctrina jurídica argentina comprendió lo que la sociedad años atrás.                    

Para mi gusto falto debate filosófico, tal vez llegue. Además, los debates no son lo que uno sueña sino son lo que son, reflejan lo que somos.

Claro que el debate es más intenso en ciertas áreas jurídicas. El caso del derecho constitucional es muy llamativo, otra vez muchos han sido solo dogmáticos y unos pocos francamente arrogantes, pues no mostraron ninguna duda. ¿Habrá un tema contemporáneo que arroje más dudas que el del aborto?

Este fenómeno de los intelectuales que no dudan no es exclusivo de algunos constitucionalistas, tan extendido está que parece una enfermedad social.  Hablamos de una duda no solo metodológica sino incluso en las mismas conclusiones, pues hay temas que lo imponen.

El derecho debe primero comprender lo que dice su entorno para ver cuál será su objeto y luego cuáles las diversas formas de regulación, pues muchos temas son abiertos.

No es casual entonces que alguna de las intervenciones serán recordadas como un buen meme, tal el caso de F. Toller con su forzada cita de J. R. Tolkien. Ha sido forzada porque la cita de algunos autores requiere una lectura completa de su obra, además de sus fuentes, en este caso por lo menos algo de las sagas nórdicas y el Cantar de los Nibelungos.

Quién lo haga, encontrará una evidencia: desde tiempos inmemoriales la teoría del mal menor es un recurso que las sociedades necesitan ante situaciones dramáticas, como el aborto.

La filosofía y el derecho contemporáneo son un reflejo secularizado del saber mitológico y religioso. Veamos dos ejemplos en relación al aborto. La filosofía acuña un principio por el cual en la comunidad real de comunicación el agente puede acotar o incluso no aplicar un principio moral, sin que por ello este se deprecie. En el derecho contemporáneo con la teoría del empate ponderativo o la guerra de absolutos.

Esta claro que estos temas nunca se cierran en su debate. Ya se inició en los tribunales, pero también en municipios y provincias, ámbito en el que algunos estudiamos si hay o no un margen de apreciación subnacional y aun local. Adelanto que ello es posible a condición de elevar el piso nacional, nunca en su detrimento. El margen es para incrementar o interpretar derechos.

En mi caso solo escribo sobre los temas de mi especialidad. En el caso del aborto por su interconexión con lo municipal, ámbito en el que “también” algunos grandes temas pasan. Qué curioso, como en la obra de Tolkien, donde los pequeños tienen un papel reservado que muchos grandes ni siquiera imaginan.

Cuando me crucé con el debate del aborto desde el derecho municipal hice silencio unos tres años. Pude participar en un centro de estudios de bioética en el cual primó la diversidad ideológica, la interdisciplinariedad, la buena fe intelectual. Tendimos puentes por sobre cada saber. Solo entonces comprendí.

Por ello no me preocupa seguir con dudas sobre el aborto, del mismo modo que en otros temas ante los cuales nuestros mapas mentales solo alcanzaron para llegar aquí.

En estos temas hay que seguir debatiendo. Dudando más que afirmando. Decidiendo también. Y cuidándose de los que no dudan, pues la certeza donde ella no corresponde es un peligro público.

Eso, también lo enseña Tolkien.

 

(*) Abogado (UNL). Doctor en Ciencias Jurídicas (UCSFe). Docente de postgrado en su área temática (UNL, UNQ, UCSFe y otras). Miembro activo de diversas entidades académicas argentinas y fundador de la Asociación Internacional de Derecho Municipal. Autor de numerosas publicaciones y libros en su especialidad. Consultor.marchiaro-lopez@wilnet.com.ar

 

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