• miércoles 21 de agosto del 2019
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La Suprema Corte bonaerense y un fallo indispensable en la lucha por la diversidad de género

El máximo tribunal de Justicia ordenó reincorporar a una trabajadora trans en el municipio de La Plata. Si bien la decisión sienta un importante precedente, los magistrados desaprovecharon una oportunidad histórica para sentar posición en favor de los sectores más vulnerables.

“…Hay que escuchar el lamento de los desheredados, de los victimados, de los desprotegidos, de los pobres, de los niños, de los ancianos, de los migrantes, de los discapacitados, de los vulnerables en fin, prestando atención no solo a lo teórico del derecho sino también al sentido de la justicia. Y entonces, si los protagonistas de los conflictos en que está en juego una situación de discriminación son los vulnerables, es necesario equilibrar la desventaja que ab initio los caracteriza”. Así de simple. Un concepto enorme y lleno de equidad, de esos que debieran repetirse todas las mañanas, antes de arrancar el día. Al menos por aquellos que destinan sus vidas a la administración de la cosa pública.

La frase forma parte de los considerandos del Voto del Dr. de Lázzari, en el reciente fallo dictado por la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires, en la causa A. 74.573 "P. V. B. c/ Municipalidad de La Plata s/pretensión de restablecimiento o reconocimiento de derechos". Fue allí donde el Máximo Tribunal de nuestra provincia tuvo oportunidad de sentar opinión respecto de un tema tan sensible como la discriminación hacia el Colectivo Trans, y la vigente -aunque aún no reglamentada- Ley de Cupo nro. 14.783.

Sin lugar a dudas, el fallo posee un gran valor para la lucha por la diversidad de género, y pasará a la historia gracias al contenido del Voto del magistrado de Lázzari, aunque el mismo no obtuvo adhesiones. En efecto, si bien existió unanimidad para hacer lugar al recurso articulado, el voto mayoritario difícilmente pase al recuerdo. Porque efectivamente, la Corte tuvo una oportunidad, pero la desaprovechó. Le faltó valor. O le sobró prejuicio, no lo sé. Salvo la ejemplaridad demostrada en el Voto ya mencionado del Dr. de Lázzari, la mayoría de opiniones que conforma el fallo, transita por los tibios senderos de admisibilidad general de medidas cautelares. Como si diera lo mismo el tema analizado. Volveré sobre estas apreciaciones, con mayor explicación más adelante.

Pueden describirse los antecedentes que motivaron el dictado de la sentencia que se analiza, en los siguientes términos: la Cámara de Apelación en lo Contencioso Administrativo de La Plata, por mayoría, hizo lugar al recurso de apelación articulado por el Municipio demandado, y revocó en consecuencia, la sentencia de Primera Instancia, dejando así sin efecto la medida cautelar allí concedida -por la que se ordenaba reinstalar a la parte actora como personal temporario mensualizado-. En apretada síntesis, la actora (una empleada trans) recurre tal decisión ante la Corte, alegando que se había desvirtuado el instituto cautelar, al exigírsele indebidamente un mayor debate y prueba; y justificando el peligro en la demora en el hecho nuevo alegado, de ser portadora del virus de HIV. Accediendo finalmente por queja por ante el máximo tribunal provincial, el recurso logra acogida favorable por unanimidad. Ahora bien, son justamente las razones y argumentaciones que compusieron la mayoría de opiniones, lo que genera mi sorpresa y reproche.

Cuatro jueces votaron: Negri, Soria, Pettigiani y de Lázzari. Si bien todos hacer lugar al recurso intentado –y resuelven, consecuentemente, la reincorporación cautelar de la empleada trans a su lugar de trabajo, mientras dure la discusión en torno a la suerte de la relación laboral- la mayoría de opiniones se conforma entre los primeros tres nombrados. Esa línea argumental mayoritaria transita carriles apáticos de requisitos de procedencia general de las medidas cautelares. Tan es así, que una lectura desatenta de estos votos, podría olvidar el tema que convoca la decisión del Tribunal: podría tratarse de otra demanda en general como vender papas, abrir un kiosco, o el cupo trans, dado que el razonamiento es de corte descomprometidamente formal, para mi gusto.

Insisto que la votación es unánime. Todos y cada uno de los jueces deciden hacer lugar al recurso de la actora. Sin embargo, y paradójicamente, en la mayoría de opiniones que conforma este precedente -llamado a ser un leading case en la materia- no se hace mención a las voces o vocablos  PERSONAS TRANS, CUPO, DISCRIMINACIÓN, ESTIGMA O GRUPOS VULNERADOS, ni siquiera una vez. Es decir, si bien todos concuerdan en dar la razón al reclamo de la accionante (un pedido con confeso fundamento en la problemática de las personas trans, y su correlato en la ley 14.783 como ejemplo de acción positiva), se lo hace sin llamar a las cosas por su nombre.

Buscando explicación a esta rarísima característica del caso analizado, y usando los mismos principios aludidos en el voto del Dr. de Lázzari en materia de verosimilitud para supuestos de discriminación, me animo a sostener que aquí a la Corte le faltó valor. No encuentro otra razón que el prejuicio, como para leer esta peculiar forma de “dar la razón”, pero sin comprometerse. Quizá exista una justificación en la mala prensa de este sector de la sociedad, y el rechazo o incomodidad que genera en algunos, su defensa (por más justificada que sea; por más ley que la ampare).

Lo cierto es que estamos frente a una gravísima problemática, que requiere de una intervención real, activa y comprometida por parte del Estado. Hablamos de un grupo de personas con una expectativa de vida no supera los 36 a 40 años. Y ello tiene una evidente relación de causalidad con el rechazo social que padecen a diario: no poder transitar libremente los espacios comunes, tales como la escuela, el trabajo y la atención de la salud, como  cualquier otra persona.

Todo ello, las empuja a una vida  en la clandestinidad y la precariedad, y con el altísimo precio antes apuntado que es el de SOBREVIVIR.

Con este marco sociológico en mente, es que me resulta inaceptable que la oportunidad de la Corte de sentar posición en favor de los sectores más vulnerables, sea utilizada en forma tan desasociada del necesario mensaje edificante para la sociedad, que deben tener todas las sentencias de este Tribunal. Más aún, en casos como el presente. Insisto con el dato de que al recurso se le dio acogida favorable: por ello cuestiono la tibieza de las razones dadas por la mayoría, para así decidir. Pudo haber sido una “lección de inclusión”, tan necesaria en estos tiempos. Pero no lo fue.

En la vereda diametralmente opuesta de la ejemplaridad de los actos de gobierno, el Voto del Dr. de Lázzari tiene todo lo correcto que le falta a los demás. Se hace cargo de la situación social que se le pone frente a él, encontrando en la decisión de hacer lugar al recurso, una oportunidad para hacer docencia. “El derecho pregona que todos los hombres son libres e iguales, pero es necesario darse cuenta que existen diferencias efectivas y que no puede mantenerse la libertad y la igualdad en un plano simplemente formal” sostiene el magistrado, sensatamente. Exige tener siempre presente el reclamo de los más vulnerables, y trae a colación datos arrojados por estudios del INDEC y del INADI respecto de la informalidad del empleo y del destino de estas personas en la prostitución como único medio de supervivencia. Y así, con todos esos datos en la mesa, explica cómo debe el Derecho comportarse para procurar equilibrar semejantes desventajas. Una lección para la sociedad, fundada en valores democráticos. Imagino la satisfacción de la empleada demandante, después de encontrar en estos considerandos, esta empatía tan necesaria.

El brillo de este último voto analizado, oculta en la sombras la insuficiencia moral de argumentos de los demás, que con total honestidad, nada suman. Les hace un gran favor: dirigir la atención allí, a lo importante “si los protagonistas de los conflictos en que está en juego una situación de discriminación son los vulnerables, es necesario equilibrar la desventaja que ab initio los caracteriza”. Tal, el marco teórico de una sociedad más tolerante y justa.

Accedé al fallo. 

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