• viernes 04 de diciembre del 2020
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Mario Juliano, simplemente un distinto

El fallecimiento del juez de Necochea conmovió el ambiente del derecho. Miles de mensajes circulando en redes sociales destacando su personalidad y trayectoria. Desde Palabras del Derecho repasamos su historia y hacemos un homenaje a su recorrido.

No es común en el ambiente del derecho encontrar personalidades de estas características. Menos aún en el sistema de administración de justicia, caracterizado por la frivolidad de las investiduras y la constante cultura de obediencia a los formalismos absurdos que alejan a sus integrantes del resto de las personas. Pero Mario Juliano rompía abruptamente con esos moldes. Era un bicho extraño en el ámbito judicial. Un tipo que no encajaba en los esquemas tradicionales de la justicia y, encima, los provocaba con su sarcasmo. Era un tipo que “incomodaba” a sus pares, tal vez por no quedarse sólo en su discurso idealista sino porque que le ponía el cuerpo (y mucho) a sus causas y, para colmo, arrastraba masas. Un “delirante” para algunos, un “inspirador” para otros.

Necochea (o “Necolandia” como el la llamaba) era su refugio y, desde aquella ciudad costera del interior de la provincia Buenos Aires forjó un sano vicio que consistía en la noble tarea de tejer redes para cumplir con causas justas. Y vaya si lo logró. Cuenta el mito que Necochea es la zona más ventosa de la costa. No sé que habrá de cierto en ello, pero las palabras reflexivas de este hombre, como si fueran tomadas por una sudestada constante, volaron bien lejos hasta llegar hasta distintos rincones del país e, incluso, hasta lugares lejanos del continente. 

Durante su juventud, con el regreso de la democracia en nuestro país, cultivó sus ideales democráticos como militante de la Unión Cívica Radical. Hasta llegó a ocupar una silla en el Concejo Deliberantes de aquella ciudad. De allí que, inspirado en la figura de Alfonsín, se convirtió en un ferviente creyente del diálogo y la palabra como mejor camino para solucionar los problemas. Una vez que ingresó al Poder Judicial sus ideales no quedaron olvidados en el pasado. Intentó plasmarlos en sus sentencias bajo el absoluto convencimiento que la función de “administrar justicia” en el sistema penal no consistía en aplicar sólo un castigo, sino que el consenso estaba siempre primero, porque antes que nada debía oír a todas las voces. Sabía muy bien que no se trataba de un juego de vencedores ni vencidos. 

Ya en el año 2004 fundó con varios amigos y amigas una ONG con el fin de promover un sistema penal menos violento y más ajustados a los mandamientos constitucionales. Así nació la “Asociación Pensamiento Penal” que fue su gran sello. Arrancó con un intercambio de mails, foros y encuentros entre unos pocos. Siguió como una revista de difusión gratuita de artículos y materiales. Hoy es una gran comunidad de personas de distintos ámbitos y lugares de Argentina, con sede en varios países de Latinoamérica e integrada en su mayoría por jóvenes. Su nacimiento no fue en un tiempo casual. En aquellas épocas, en el congreso se discutían las llamadas “Leyes Blumberg" que pretendían –y lo lograron- aumentar las escalas penales para una gran cantidad de delitos con el fin mejorar la seguridad. Pero Juliano era un pez que nadaba contra la corriente. Recorría como pocos de sus colegas las cárceles y estaba convencido que para reducir la conflictividad social, el Estado debía poner primero un ojo en el interior de los penales.  

A su vez, demostró que para ser un gran jurista no hace falta escribir manuales, tratados, saber latín, ser titular de una cátedra, ocupar un alto cargo jerárquico, hacer un posgrado en el exterior o tener diplomas académicos. Ojo, tampoco era un improvisado. Leía y mucho. Pero llegaba a su público de otra manera. No era un gran amigo de la teoría, sino que enseñaba, principalmente, con el ejemplo y cautivaba con la amistad.

Comunicaba sus ideas con pocas palabras y en un lenguaje claro. Y la llegada de las redes sociales a su vida le cayeron como anillo al dedo. Sus tweets y posteos sobre temas jurídicos eran más vistos que cualquier artículo académico, a veces, acompañados con su humor irónico o secciones que el mismo titulaba, como por ejemplo “Boludeces”, donde relataba episodios relacionados a los avances de resolución de conflictos a través del diálogo que el mismo promovía en el interior de los penales. Con el paso del tiempo fue cosechando una enorme cantidad de seguidores y amigos en las redes que se terminaban encariñando con él. Sin darnos cuenta hemos perdido, quizás, al primer gran influencer del derecho penal argentino. 

Sus batallas a lo largo de su extensa trayectoria fueron muchas, algunas muy largas. Con la aclaración que debo estar olvidándome de algunas, quizás, pueda resumirlas en las siguientes líneas: 

1)   Su promoción y defensa del sistema de jurados populares como el método más transparente, republicano y democrático de resolución de casos (incluso en el ámbito civil y en el interior de los ámbitos penitenciarios); 

2)   Su constante lucha por la inconstitucionalidad del sistema contravencional, a la cual le dedicó un libro, distintos artículos y varios eventos; 

3)  Su creencia en la justicia restaurativa: era un férreo defensor del diálogo entre victimas y victimarios. Desconfiaba que todas las víctimas sólo busquen el castigo. Era un convencido que los operadores judiciales muchas veces extralimitaban la voluntad real de las victimas. Y en su afán, en un abrir y cerrar de ojos, reunió a distintas personas que sufrieron consecuencias de hechos delictivos en el país y que rechazaban la idea que el mejor modo de afrontar los conflictos se encuentra en el endurecimiento de las penas. Así se generó la ONG “Víctimas por la Paz”. Sólo basta revisar su página para conocer sus conmovedoras historias; 

4)   Su intento por reformar el sistema penitenciario hacia un modelo más humanista: las condiciones de los privados de la libertad lo inquietaban mucho. Por una cuestión geográfica, la cárcel de Batán fue su epicentro. Promovió talleres solidarios y apoyaba todo tipo de actividades culturales que se promovían desde el interior del penal. Era un convencido que cultura era sinónimo de seguridad ciudadana. También fue un promotor de espacios pilotos restaurativos en el interior de los penales. En el marco de la pandemia, luchó por el uso de celulares ante el impedimento de visitas. A su vez, desde hace unos años, había quedado impactado con el proyecto uruguayo de Punta de Rieles (“la cárcel pueblo”) al cual promovió como modelo penitenciario alternativo con el fin que se replique en nuestro país.  

5)  Su lucha por la despenalización del consumo y  por la progresiva regulación de sustancias: impulsado por el activismo de su hija Luz, se mostró públicamente a favor del cultivo de cannabis en una columna publicada hace cuatro años en el portal Cosecha Roja, cuya noticia trascendió en medios nacionales. No obstante, también fue un activista desde su función: interpuso una serie de habeas corpus con el fin de cesar las detenciones a consumidores de cannabis en Necochea. Sin embargo, luego de llegar a un acuerdo con los jefes policiales y tras constatar que los controles arbitrarios habían cesado, desistió la acción. 

6)   Su postura ante la pena perpetúa a la cual consideraba inconstitucional, al igual que el instituto de la reincidencia. Asimismo, en ciertos delitos defendía la idea de imponer penas por debajo del mínimo que la escala penal preveía e, incluso, permitió en alguna oportunidad la concesión de salidas alternativas al juicio o  la imposición de penas condicionales, considerando inconstitucional el límite de la escala penal.  

7)   Su rechazo al “mundo de los abogados”: era un crítico del modo y formalidades , sus columnas donde analizaban las sentencias y escritos eran una interpelación constante al modo en que redactamos y nos comunicamos entre pares. Promovía un lenguaje claro en el Poder Judicial. Su artículo “Amo la abogacía pero odio a los abogados” es columna digna de ser leída. Allí, advertía que los abogados tenemos una enorme vocación de poder y no podemos desentendernos de la suerte de este país, en lo que al funcionamiento de sus instituciones se refiere y al modo en que la ciudadanía dirime sus conflictos. También quería profesionales “más empáticos” y “menos elitistas”. Y escribió los “abogados” dirigidos a los varones, porque que afirmaba que las mujeres son las únicas que tienen el coraje para lograr cambios estructurales. 

8)   Su vocación por Pensamiento Penal: quien quiera ver la obra entera de Mario Juliano sólo basta conocer lleno esta organización. Repleta de espacios diversos y plurales, plagada de personas comprometidas y formadas. Con muchos logros y desafíos, pero que hoy atraviesa el año más difícil desde su creación: ya lo era con la partida de Cristina Vázquez. Esta noticia pide a gritos cerrar este 2020.

Pero además de todo esto, Mario Juliano era un buen tipo. No sólo se preocupaba por el bienestar de los suyos sino también por el de los más excluidos. Dueño de una energía, creatividad y generosidad única, en los últimos años se encargó de realizar distintas actividades solidarias para ayudar a construir viviendas a familias necesitadas de su zona. Y si algo sabía Juliano era sacarle el jugo a las cosas. Mezclaba sus dos pasiones (el derecho y el deporte) y siempre sacaba algo productivo. Así, sabiendo el poder de alcance que tenía, logró convencer a sus amigos y seguidores del mundo jurídico para que aporten dinero para sus hazañas de causas nobles. En los últimos tiempos y muy lentamente, “Pensamiento Penal” -que se caracterizaba por difundir sentencias y artículos penales- se convirtió increíblemente en un espacio de promoción de campañas de un juez bonaerense que, rompiendo todos los moldes, pretendía correr carreras a pie o en bicicleta buscando ayudar a otros.

Y así el pasado viernes, con la misión parcialmente cumplida, justo el día que había logrado recolectar la suma de $350 mil que se había propuesto como meta, Mario Juliano se fue en la suya. Dejando la vida en una misión cuyo fin primordial era conseguir un techo digno para una humilde mujer, víctima de violencia de género, que además estaba a cargo de ocho hijos menores de edad. Correr 280 km a los sesenta y cuatro años de edad puede sonar imposible para cualquier ser racional, pero quienes conocieron a este hombre saben que no conocía de límites, vivía de seguir sus propias utopías. Tal vez se fue para enseñarnos eso, orientarnos hacia el verdadero sentido de la vida… 

La vida sin utopías, sin sueños, sería intolerable, demasiado opresiva y monótona. El hombre (en el sentido genérico de la palabra) necesita a aferrarse a las ilusiones, creer en la posibilidad de la realización personal y social” (Mario Juliano. Las victorias de las utopías).

 

Ojalá que el mundo encuentre mañana a más Mario Juliano.

 


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