• martes 27 de octubre del 2020
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Enrique Petracchi, el juez que marcó la jurisprudencia argentina

Se cumplen seis años del fallecimiento de uno de los magistrados más icónicos de la historia de la Corte Suprema de Justicia.

“Se dice que los jueces no son políticos, pero, ¡cómo no van a ser políticos!, son políticos les guste o no. A lo sumo, les va a pasar lo que al cangrejo, que es crustáceo, pero no lo sabe”. Expresaba contundentemente Petracchi en una entrevista para la revista Lecciones y Ensayos de la UBA.

Nacido en 1935, Enrique Santiago Petracchi se crió en el seno de una familia de abogados. Tanto su abuelo como su padre ejercieron la profesión. Este último, Enrique Carlos, ocupó el cargo de Procurador del Tesoro de la Nación en dos oportunidades, durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón y en el período entre 1973 y 1976.

En ese ámbito, Petracchi cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires e inmediatamente optó por seguir el legado familiar: se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires, con Diploma de Honor.

Su carrera judicial comenzó como auxiliar en un juzgado civil, para luego ocupar cargos en la Corte Suprema. Posteriormente, se desempeñó en la Justicia Federal y en la Procuración General hasta 1982. Año después, el entonces presidente Raúl Alfonsín lo designó como miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

De voz elocuente y elegancia imperante, Petracchi se enmarcó en la vanguardia del Máximo Tribunal. Mediante sus votos en disidencia, enarboló la bandera del liberalismo y la justicia social; una conjunción que sería cuestionada por muchos.

Existieron innumerables precedentes jurídicos sentados por el jurista. En Arenzón (1984) acuñó junto a Augusto Belluscio la tajante frase “al cabo, nadie es más alto que la Constitución” en un caso de discriminación hacia un profesor por su altura; en Bazterrica (1986) manifestó la no criminalización de la tenencia de estupefacientes para consumo personal, ello por ser parte de la esfera individual de la persona, conforme el artículo 19 de la Carta Magna.

También en Ponzetti de Balbín (1984) expresó su amparo hacia la libertad individual, en reparo de los derechos de intimidad y privacidad, ante el emblemático caso donde Editorial Atlántida S.A había publicado una foto acerca de Ricardo Balbín internado.

Por su parte, en Sejeán (1986) realizó una enfática defensa al derecho a la privacidad y a la libertad de conciencia para que un ciudadano formule el plan de su vida a su antojo, en virtud de la problemática en aquellos tiempos de la indisolubilidad del matrimonio civil. En consecuencia, planteaba que si el matrimonio era indisoluble, el derecho a casarse se agotaba en su ejercicio.

Luego de la polémica ampliación de la Corte a nueve miembros, Petracchi se posicionó en numerosos fallos en la vereda de la disidencia; momentos donde la propia desavenencia era lo más cercano al sentido de justicia en la denominada “corte menemista”. Ejemplo de ello son sus posicionamientos en Molinas (1991) -en defensa del principio de inocencia-, Fernández Prietto (1998) –al recordar la proporcionalidad de las medidas de coerción penales-, Manna (2000) –al declarar la invalidez de un decreto de necesidad y urgencia que no tuvo aprobación del Congreso-, y tantos otros.

Incluso, precedentes como Del Valle Puppo (1996) que incluso hoy tienen vigencia en las cuestiones institucionales del momento. Allí expresó: “El nombramiento de un magistrado por el Poder Ejecutivo Nacional es para un cargo específico y no consiste en la atribución genérica del carácter de "Juez" sin adscripción concreta a un cargo”.

Enrique Petracchi fue un eximio magistrado, con un tecnicismo y una pluma irónica que invitaba a leer sus pronunciamientos. Muchos lo llamaban contradictorio por su ideología liberal y su supuesto afín al peronismo:

“A mí se me consideró siempre peronista no porque fuera del partido peronista, sino porque hay una única cosa del partido peronista que yo acepto, que es la justicia social”. Y añadió: “Una vez, un juez norteamericano me dijo: ‘Doctor, usted acá tiene fama de peronista y liberal y eso es una contradicción’. Entonces yo le dije: ‘Doctor, yo veo que usted es liberal y sin embargo tiene un crucifijo colgando, y eso también es una contradicción”. (Nota en Página 12)

Otras de las particularidades del juez fue que presidió el Máximo Tribunal en dos ocasiones (1989-1990 y 2004-2007). Específicamente, se colgó la medalla de ser el único juez que sea cabeza de la Corte Suprema en dos siglos distintos.

Su personalidad también fue de manifiesto en la recordada Acordada N° 44/1989, donde la Corte de aquel entonces se opuso fehacientemente al proyecto del Ejecutivo de aumentar el número de integrantes, ello en resguardo de la independencia y estabilidad del Poder Judicial en base a los pilares constitucionales de las instituciones.

Asimismo, su influencia en la presidencia del Máximo Tribunal se reflejaría en su segundo período, donde se producieron modificaciones en distintos aspectos como avances en la transparencia de las resoluciones, y también, la posibilidad de presentación de amicus curiae en causas ante dicha instancia.

En tiempos donde el ejercicio político de la Corte Suprema es cuestionable, es útil recordar a un magistrado que no negó el carácter de poder político del Poder Judicial: "Sus decisiones, especialmente en la Corte Suprema, son políticas, lo que sucede es que no son solamente políticas, son además jurídicas, se tienen que adecuar a la Constitución. Claro que la Constitución es un marco de posibilidades, cuya elección dependerá de la ideología del juez."

Enrique Santiago Petracchi fallecería un 12 de octubre de 2014, a los 78 años, a causa de una afección al páncreas. Sin embargo, su legado jurídico, a través de su pluma y sus expresiones políticas, será recordado, e incluso invocado, cuando el derecho y el sentido de la justicia así lo requieran.

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