• domingo 09 de agosto del 2020
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El uso social del tiempo, la igualdad de género y el trabajo de cuidado

Se promulgó la ley sobre la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, cuyo relevamiento será fundamental para el diseño de políticas públicas. Un análisis sobre la importancia de esta incorporación y su relación con el cuidado.

El pasado viernes 20 de diciembre se publicó en el Boletín Oficial la Ley N° 27.532, que incorpora en el Sistema Estadístico Nacional, como módulo de la Encuesta Permanente de Hogares, a la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, que mide el tiempo que le dedican las personas -con perspectiva de género-, a las tareas y actividades de la vida cotidiana.

Se trata de una importante incorporación, ya que es la única medición estadística que devela el tiempo dedicado a las tareas de cuidado no remuneradas, que a nivel mundial son ejercidas casi en su totalidad por las mujeres y otras identidades feminizadas.

La nueva ley, brinda una definición de qué se va a entender por “Trabajo doméstico y de cuidado no remunerado”, “Cuenta satélite” y “autocuidado”, e indica los objetivos a los que apuntará la nueva encuesta, que deberá realizarse periódicamente cada 2 años.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de cuidado?

El cuidado es, principalmente, una relación social: nada más ni nada menos que a la relación social que reproduce la vida. Sin embargo, aún es una de las categorías económicas, sociales y políticas más invisibilizadas, y su tratamiento viene tomando fuerza hace algunos años en nuestro país y a nivel regional y mundial. 

Esta relación social tiene también un valor económico. En ella, ciertas personas se hacen cargo de asistir o acompañar a otras que por determinadas circunstancias no pueden valerse de sí mismas para realizar todas o algunas acciones de su vida cotidiana.

La población que mayoritariamente requiere de cuidados son los/as adultos/as mayores en situación de dependencia, las personas con discapacidad en situación de dependencia y las infancias, pero también hablamos de todas aquellas personas que necesitan ser cuidadas por cualquier otra razón.

Las tareas de cuidado pueden ser directas, personales y relacionales, como dar de comer a un bebé o cuidar a algún miembro de la familia con algún tipo de dependencia, momentánea o permanente, y pueden ser también indirectas, como cocinar, limpiar y por sobre todas las cosas organizar el esquema que permita el funcionamiento del núcleo funcional, sea este familiar o no.

Según la Organización Internacional del Trabajo, en el sector del cuidado a nivel mundial, las mujeres realizan el 76,2 por ciento del trabajo no remunerado, dedicándole 3,2 veces más tiempo que los hombres.

La mayor parte del trabajo de cuidado no sólo no es remunerado, sino que tampoco es reconocido socialmente como trabajo. Se trata de tareas que están naturalizadas como obligaciones de las mujeres, a las que el sistema patriarcal relegó al ámbito privado y al trabajo reproductivo.

Este trabajo no remunerado es una de las piedras angulares de la desigualdad de género en el mercado laboral, puesto que las mujeres disponen de menos tiempo para dedicarle y sufren una discriminación muy importante a la hora de ser contratadas por la suposición de que generarán más costos al empleador que un varón por el tiempo que dedican al ámbito familiar. Pero además, tiene un impacto directo en la calidad de vida de las mujeres y en su inserción en el resto de los ámbitos de la vida pública de nuestra sociedad.[i]

Es por eso que la forma en la que una sociedad organiza las tareas de cuidado determina, en gran medida, cuán justa es esa sociedad.

El cuidado a su vez debe pensarse como un derecho humano, ya que se trata de un trabajo sin el cual una porción importante de la población no puede desarrollar su vida en igualdad de condiciones. Como derecho humano, su goce no puede estar sujeto a ninguna condición, y es por eso que el Estado debe intervenir en la organización social del cuidado, para garantizar el cumplimiento de ese derecho de forma integral y universal, sin distinciones económicas ni de ningún tipo.

En el contexto de un nuevo gobierno, cuyos ministros han declarado sus intenciones de avanzar en un Sistema Integral de Cuidados, sobre lo que también hay varios proyectos de ley circulando a nivel nacional y en la Ciudad de Buenos Aires, la incorporación de la Encuesta de Uso del Tiempo al Sistema Estadístico Nacional será una importantísima herramienta para el diseño de políticas públicas.

  

Accedé al texto de la nueva ley.


* Abogada por la Universidad Nacional de Buenos Aires.

[i] Valeria Esquivel desarrolla el concepto "pobreza de tiempo" en El tiempo: la dimensión invisible de la pobreza. Charla TED. 2015. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=yqjw3k3gWqU

 

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